¿LAS REDES O LAS CALLES? Militancia en los pueblos
En los escenarios políticos actuales, al momento de militar nos preguntamos ¿las redes o las calles? Cómo habitamos ambos espacios sin perder lo esencial que es el vínculo humano. Para quienes vivimos en localidades pequeñas, esta dicotomía adquiere un matiz diferente, porque “acá todos nos conocemos y un posteo en Facebook o en Instagram es comentado en cualquier comercio y el discurso de un concejal se pone a prueba en la vereda”.
¿Las redes o las calles? Cómo habitamos ambos espacios sin perder lo esencial que es el vínculo humano.
Se puede decir que hoy la militancia, entendida como un acto de transformar la realidad a través de lo colectivo, está atravesada por una transformación. “No solo salimos a pegar afiches, pasacalles o repartir boletas”, también hay que llamar la atención en el mundo de las redes y sostener la confianza en el territorio en el cual, muchas veces, el acceso al representante es directo.
Durante algún tiempo subestimamos a las plataformas digitales diciendo que “es más cómodo” pero hoy no podemos negar que las redes o lo digital también “son un espacio de militancia” en el cual se disputan sentidos, se instala agenda y se construyen identidades políticas”.
…las redes o lo digital también “son un espacio de militancia” en el cual se disputan sentidos, se instala agenda y se construyen identidades políticas”.
Frente a la velocidad del scroll, la militancia “puerta a puerta” se comenzó a presentar como un acto de resistencia. Visitar a los vecinos, tomarse un mate, sentarse a escuchar, y sostener la mirada es hoy en día una declaración de principios.
En los pueblos el “puerta a puerta” es una práctica cultural del militante, el concejal no es una figura desconocida que sale en televisión, es un vecino/a que vive a unas cuadras, que compra en el mismo almacén o lleva a sus hijos/as a la misma escuela y esa cercanía genera mayor compromiso.
Frente a la velocidad del scroll (…) tomarse un mate, sentarse a escuchar, y sostener la mirada es hoy en día una declaración de principios.
El militante que golpea la puerta no lleva solamente una propuesta, lleva su nombre y una historia personal y esta modalidad permite algo que el algoritmo prohíbe: profundidad y emociones. El primero conecta, el segundo calcula.
En una charla o conversación cara a cara hay lugar para la duda, el silencio o el cambio de opinión. Entonces ¿qué valor le asignamos hoy a este tiempo compartido que no deja medidas ni “likes” pero que construye una lealtad inquebrantable?
Lo que distingue a la militancia en las localidades pequeñas es el acceso directo, mientras que en las ciudades la política se percibe como algo más abstracto, en el pueblo la política tiene rostro y el/la concejal puede ser interpelado en la plaza. Esta cercanía permite dos cosas: por un lado, una gestión más sensible y ajustada a la realidad, por otro lado, una exposición constante y es acá donde la militancia digital y la territorial se fusionan porque lo que el concejal hace en el recinto se comenta en los grupos de WhatsApp y lo que se comenta en las calles termina convirtiéndose en una tendencia local en las redes sociales.
Un militante “moderno” en una localidad tiene que ser capaz de traducir el lenguaje de la calle al digital y a la inversa.
Por lo tanto, el desafío actual no sería elegir un bando, sino entender que el territorio es uno solo: lo digital para informar, convocar, mostrar el trabajo diario, invitar a la participación. Lo territorial para persuadir y contener ya que el “cara a cara” sigue siendo el espacio soberano para construir confianza y abordar problemas complejos.
Un militante “moderno” en una localidad tiene que ser capaz de traducir el lenguaje de la calle al digital y a la inversa. Entender que un reclamo por ejemplo por una luminaria en Facebook, requiere una respuesta que eventualmente se concrete en la vereda de un vecino.
La militancia siempre será un ejercicio de esperanza activo, para que esa esperanza no se diluya en la frialdad de una pantalla ni se desgaste en las caminatas, tenemos que cuestionarnos nuestros métodos.
La militancia del presente y el futuro será aquella que utilice la tecnología para amplificar el mensaje pero que nunca se olvide que la política en su estado más puro comienza con un saludo en la puerta de una casa. “Porque al finalizar el día no importa cuántas veces compartan un contenido, si el mensaje no es capaz de cambiarle la vida a las personas que tenemos al lado”.
Porque al finalizar el día no importa cuántas veces compartan un contenido, si el mensaje no es capaz de cambiarle la vida a las personas que tenemos al lado